La posibilidad asomada por Nicolás Maduro desde la Presidencia de la República de activar un proceso constituyente en respuesta a la grave crisis política e institucional existente en el país, y que deriva del desconocimiento de la Asamblea Nacional (AN) y de la voluntad ciudadana por parte del Ejecutivo Nacional y los encargados de los otros Poderes Públicos, da pie para recordar lo negativa que ha sido la experiencia constituyente en la historia política venezolana.

Más allá del contenido de los textos constitucionales aprobados por cada una de ellas, as Asambleas Nacionales Constituyentes de 1947 y 1999 fueron dominadas por una sola tendencia política que impuso su ideología y proyecto político al conjunto de los venezolanos. Fueron lo contrario a asambleas plurales, representativas, democráticas y participativas. En el caso de la primera, elevó a la categoría de Constitución el programa político socialdemócrata en su variante más socialista, y en el de la segunda, elevó a ese rango el proyecto bolivariano-militarista de Hugo Chávez, al tiempo que concentró todos los poderes públicos en manos de este último, que actuó durante poco menos de un año como dictador “constitucional”, a través de una constituyente absolutamente manejada por él: ningún constituyente del entonces partido Movimiento V República fue elegido por sus méritos políticos..

Existe también la posibilidad de que Maduro no esté considerando activar una Asamblea como la del año 1999, hoy regulada por el artículos 348 de la vigente Constitución, sino otra cosa, más bien prevista en las colectivistas “leyes del Poder Popular” y que implica su composición no por personas electas a través de votación, sino seleccionadas por los Consejo Comunales y Comunas chavistas, con el fin de disolver o suplantar en forma definitiva a la AN electa en diciembre de 2015, asumir las funciones de ésta e intentar modificar por una vía absolutamente espuria la Constitución de 1999.

Sea cual sea la forma que maneje el Ejecutivo, la constituyente no es una vía apropiada, prudente, expedita, segura y democrática para superar la crisis política que desangra y hambrea, literalmente, a Venezuela. Por el contrario, es una vía que profundizará el autoritarismo, la abolición del Estado de Derecho, las violaciones a derechos humanos y la persecución política en el país, con independencia de cuál sea el sector político que domine el proceso de cambio constitucional e institucional.

Las vías para la superación de la actual situación de virtual ingobernabilidad –que se expresa, por ejemplo, en la incapacidad o desinterés del Ejecutivo Nacional en perseguir al hampa común y organizada, mientras reprime salvajemente a manifestantes- pueden ser activadas por la actual AN, sin necesidad de incurrir en los costos, plazos y demás complicaciones que suponen una asamblea nacional constituyente, que en modo alguno ayudará de forma directa a garantizar seguridad, salud, alimentación, paz y justicia a los venezolanos.